Tu recuerdo

Tu recuerdo me acompaña, me sigue día y noche a todas horas. Me es tan inevitable pensar en ti.

Tú, dueño de mis suspiros. De todo y cada uno de ellos.

Aún te quiero.

Intentos

Sé que mis momentos de tranquilidad provienen, no de que me importe poco la separación o que ya no sienta por ti lo que siento, sino de ese saber que intenté todo lo que pude haber intentado para hacerte entender que lo que yo siento por ti valía la pena el intento.

Soledades

La primera vez que leí a Mario Benedetti fue para realizar un trabajo de la universidad en el cuál utilice diferentes fragmentos de sus poemas. Benedetti tiene mucho de donde escoger, pero al leer este poema en particular me impresionó la capacidad que tuvo de retratar las diferentes sensaciones que puedes experimentar después de una separación.

Y sí, así me siento.

Soledades
Ellos tienen razón
esa felicidad
al menos con mayúscula
no existe
ah pero si existiera con minúscula
seria semejante a nuestra breve
presoledad

después de la alegría viene la soledad
después de la plenitud viene la soledad
después del amor viene la soledad

ya se que es una pobre deformación
pero lo cierto es que en ese durable minuto
uno se siente
solo en el mundo

sin asideros
sin pretextos
sin abrazos
sin rencores
sin las cosas que unen o separan
y en es sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo

los datos objetivos son como sigue

hay diez centímetros de silencio
entre tus manos y mis manos
una frontera de palabras no dichas
entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste
entre tus ojos y mis ojos

claro que la soledad no viene sola

si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades
se vera un largo y compacto imposible
un sencillo respeto por terceros o cuartos
ese percance de ser buenagente

después de la alegría
después de la plenitud
después del amor
viene la soledad

conforme
pero
que vendrá después
de la soledad

a veces no me siento
tan solo
si imagino
mejor dicho si se
que mas allá de mi soledad
y de la tuya
otra vez estas vos
aunque sea preguntándote a solas
que vendrá después
de la soledad.

Costumbre

Eso de llorar por las noches terminará haciéndoseme costumbre.

El amor, esa forma segura de morir.

Empezaré esto diciendo que me enfocaré en el amor de pareja ya que es ese el que me aqueja, bueno su no existencia es la que me aqueja.

Y digo que me aqueja porque es algo que al menos para mí comienza a verse inalcanzable, al menos en la forma ideal y abstracta en la que me he imaginado lo que significa amar.

En realidad yo no quiero experimentar un amor de cuento de hadas, quiero a alguien de carne y hueso, que pueda decirme y demostrarme con acciones ese cariño. Vaya, alguien que sea congruente en su decir y hacer, cualidad que para mí es indispensable en las personas.

Sin embargo conforme han ido pasando los años, me he dado cuenta que en realidad el ser congruente es una de las cosas que, como seres humanos, más nos cuesta tener.

Por ejemplo, tenemos a papás que quieren que sus hijos sean buenas personas, pero ellos mismos no lo son. O a jefes que quisieran ver a sus trabajadores haciéndose responsables de sus actividades, pero ellos mismos no hacen la parte que les corresponde. O aquel amigo que siempre pide prestado y no devuelve las cosas, pero hay de ti que olvides darle algo porque te crucifica.

Algo así me pasa en el amor. Termino encontrando en mi camino a personas que no son capaces de dar en la misma medida que se les da o que les doy y eso genera en mí conflictos duales como el “vale la pena/no lo vale”.

Hasta hace poco creí haber encontrado a mi hombre ideal, aquel con quien, por momentos, fui capaz de exponerme tal cual soy, con mis cualidades y defectos, mis temores y mis esperanzas y compartirlas con las de él. Caso curioso el mío que a pesar de haberme topado con alguien tan afín a mí en intereses y actitudes hacia la vida terminé jalando sola un intento de “algo” (que a la fecha sigo sin poder definir) y es que al fin y al cabo se necesitan dos para que una relación funcione.

Aunque si bien esta entrada la he escrito en dos momentos diferentes, en un final “trágico” y no, no por haberme resignado a que intente todo lo que pude haber intentado y sí porque aún habiendo intentado duele saber que eso no fue suficiente. Por ahora sólo me queda intentar una cosa más y es olvidar el sentimiento que creció en mí para despertarse en una lucha a solas.

Seguir

Recibe cada nueva publicación en tu buzón de correo electrónico.